miércoles, 26 de mayo de 2010

El canon de los comics: Comanche

El western es el género norteamericano por excelencia. La construcción del país y su cultura se asientan en la conquista del oeste elevada a la categoría de mito fundacional.
En su imaginario aparecen temas clásicos cómo la libertad de los pioneros frente a la llegada de la civilización con sus leyes y limitaciones, el conflicto y las relaciones con las tribus indias, la construcción del ferrocarril como signo del avance inexorable del desarrollo, la ley del más fuerte ejemplificada en los pistoleros y sus duelos,.

En el mundo del cómic la paradoja es que las grandes obras del western son europeas:Desde el “Blueberry” de Charlier-Giraud, al “Jerry Spring” de Jijé, pasando por el “Ken Parker” de Berardi-Milazzo, “Manos Kelly” y “McCoy” de Hernández Palacios, “Durango” de Swolfs, “Mississipi Jim” de Giraud-Charlier, “Buddy Longway” de Derib, Tex, etc la lista es interminable. Como curiosidad, siempre me ha resultado alucinante la famosa anécdota de cómo Meziéres (el dibujante de Valerian) fascinado por ese mundo se fue a Estados Unidos para trabajar como cowboy durante un par de años.



Sin duda uno de los grandes westerns tebeísticos es “Comanche” de Greg y Hermann (aunque ahora se ha puesto de moda llamarle Hermann Huppen). Un gran cómic que he leído en la edición integral de Planeta que recopila en dos volúmenes los 10 álbumes que hicieron juntos.

Publicada en el semanario Tintín, nació como una respuesta a Blueberry, y Jerry Spring que aparecían en sus revistas competidoras, Pilote y Spirou respectivamente. Sin embargo, y cómo declara el mismo Greg intenta alejarse de sus modelos introduciendo un tono más adulto y melancólico, frente al de la aventura en estado puro que se desarrolla por ejemplo en Blueberry.

La serie rinde homenaje a varios de los grandes directores de películas del oeste: por un lado, la influencia del western crepuscular de Peckinpah es notoria, eliminando la imagen más idealizada, y sustituyéndola por la suciedad, el desaliño, la difusa frontera entre el héroe y el asesino, la violencia cómo regla de supervivencia en la mayoría de los casos. Por otro lado, sin embargo estas historias nos traen ecos del cine más clásico desde John Ford a Howard Hawks, no en vano la primera viñeta de la serie es un homenaje a “La Diligencia”, y la caracterización de los personajes secundarios especialmente el viejo “Ten Gallons” nos remite a esos secundarios excepcionales de Hawks (pienso en El Dorado, por ejemplo).
Por otro lado, las 7 primeras páginas del álbum “El dedo del diablo” constituyen una espléndida recreación de la obra maestra por excelencia de Ford “El Hombre que mató a Liberty Valance” con una página final que me parece un homenaje siquiera indirecto al “Jeremiah Jonson” del dúo Pollack-Redford.



Y precisamente para mí la cota más alta de la serie es el díptico “El dedo del diablo-Los Sheriffs”, idea que reconozco tiene mucho que ver con el hecho de que fue precisamente “Los Sheriffs” el primer álbum que leí de Hermann, cuando se publicó en la transposición que hizo Bruguera de la revista “Tintin” a principios de los ochenta.
Si el guión es muy bueno, el nivel gráfico no le anda a la zaga. Hermann va añadiendo recursos álbum a álbum, manteniendo su capacidad narrativa y su fuerza expresiva, y al llegar a estos dos álbumes ha adquirido un dominio de la gestualidad y de la anatomía de los personajes espectacular, que le permite completar y mejorar el guión de Greg. Consciente de ello, se lanzaría a realizar sus propios cómics con un éxito tremendo.
Para ejemplo, esta plancha de Los Sheriffs, mi favorita de toda la serie, en la que Hermann hace una planificación ejemplar cambiando los puntos de vista, con picados-contrapicados, con una viñeta de detalle que nos aporta el punto de vista de un narrador objetivo.



La postura de Poncho con esas pierna abiertas y el revolver bajo nos dice que el personaje es un pistolero profesional, de los que no tienen dudas en disparar, en definitiva un hombre sin escrúpulos que puede sonreír un momento y matarte por la espalda al siguiente. Todo ello nos remite directamente a la caracterización del bandido Valance que hizo Lee Marvin , en el que en un momento de la película adopta una postura muy parecida y que fue copiada hasta la saciedad posteriormente en el spaghetti western.

Un grandísimo tebeo para disfrutar enormemente.

viernes, 16 de abril de 2010

Swans. No lo digas a nadie. Locura.

Corazón. Salta. Pecho. Lámpara. Palidece. Cierro. Libro. Cama. Escucho. Corazón. Pienso. Mal. Inquieto. Distorsión. Realidad. Frío. Sudor. Cierto. Vida. Hunde. Miedo. Swans, Lloro. Fumo. Olvido. Mañana. Día. Igual. Porros. Trabajo. Dinero. Estudia. Nada. Vida. Sudor. Sudor. Miedo. Ruido. Gemir. Distancia. Tortura. Dolor. Dolor. Dolor.

Es un proceso cíclico. Tu música te aburre. Te levantas. Delante de 300, 600, 900 discos. Nada. Lo de siempre. Es un proceso de evolución. El trigo y la paja. Es hora de investigar.

De alguna forma te enteras. Siempre te enteras. Una reedición. Grupo de culto. Cuatro trabajos. Dos CDs.

Trabajas. Dura jornada. Sales a la caza. Gran Vía. Nada. Callao. Nada. Guardia de Corps. Nada. Ultima opción. Ciudad de Barcelona. Si. Lo tienes en las manos. Dudas. El dependiente te habla. Una obra maestra. Sonríes.

Llegas a casa. Cenas. El tiempo se dilata. Corres a tu cuarto. Antes de abrirlo. Swans. Cop. Young God. Greed. Holy Money. La critica en la revista. Inquietante. Amenazador. Hipnótico. Desolado. Hostil. Tu amigo. Sonic Youth. Joy Division. Young Gods. Unsane. El dependiente. Obra maestra. Obra maestra. Lees. Las canciones. Time is Money (Bastard). Another You. Thug.

Es la hora. Intenso. Monocorde. Denso. Enciendes el porro. Te dejas llevar. Vuelve otra vez.

Corazón. Salta. Pecho. Lámpara. Palidece. Cierro. Libro. Cama. Escucho. Corazón. Pienso. Mal. Inquieto. Distorsión. Realidad. Frío. Sudor. Cierto. Vida. Hunde. Miedo. Swans, Lloro. Fumo. Olvido. Mañana. Día. Igual. Porros. Trabajo. Dinero. Estudia. Nada. Vida. Sudor. Sudor. Miedo. Ruido. Gemir. Distancia. Tortura. Dolor. Dolor. Dolor.

No lo digas a nadie. Locura. No lo digas a nadie.

miércoles, 14 de abril de 2010

Misterios de la primavera: Ben Frost, el alma del hielo

No conocí a Ben Frost hasta que empezó a aparecer por todas las listas de recopilación del año pasado en puestos bastante dignos (Rockdeluxe 19, Go mag 9) y entre su aparición y las breves reseñas que acompañaban al disco en los listados me intrigó enormemente.

Investigando por ahí, descubro que es un australiano que se unió a la comuna (colectivo o lo que quiera que sea) Bedroom Comunity con sede en Islandia hace 5 años. (Recomiendo investigar a todos sus componentes). Desde ese momento ha lanzado dos discos, Theory of Machines, y el último y que tengo más estudiado By the Throat.




Su sonido, en parte, se escapa de cualquier definición. Una mezcla entre música contemporánea con electrónica, post-rock, ruido, coros, lobos aullando y un montón de elementos más que dan como resultado un sonido que se adentra en lo más profundo de la mente y que casi consigue generar sensaciones físicas mientras la oyes, una cierta incomidad, miedo, excitación, hay momentos en que casi puedes sentir como los mantras de ruido atraviesan tu cabeza. Todos sentidos se agudizan mientras lo oyes. Pasas a convivir en un universo distinto junto con la música.

Unas veces es la melodía la que domina la canción: pianos, cuerdas, banjos, vientos, guitarras crean unas melodías de gran belleza, otras veces el ruido lo ocupa todo, pero es un ruido modulado, utilizado como un instrumento más que consigue que la música progrese más y más. La inclusión de los aullidos de lobos en algunos momentos no hace más que incrementar todas las sensaciones anteriores.

Un par de ejemplos que ilustren un poco todo lo anterior, porque como ya dije, es una música que cuesta mucho definir con palabras:





Esos ruidosos marcianos odiosos.


Creo pensar que corría el año 1996 o 97 cuando abrieron la fonoteca de la biblioteca donde nos juntábamos a charlar, fumar, ligar y toda actividad que no estuviera relacionada con estudiar. Sinceramente, el criterio del funcionario responsable era un poco rancio y normalmente se dedicaba a ofrecer discos de los Beatles, Rolling Stones... Y cosas aun peores como la ELO, Yes, Cream... Aun así, mentiría si dijera que no me llevé muchas alegrías gracias a él. Seguramente con el carné de la biblioteca nunca saqué ningún libro de Platón o Descartes pero por mis manos corrieron el Washing Machine de Sonic Youth, la discografía entera de la Velvet, el The Bends de Radiohead, mi primer disco de Redd Kross, el See You in the Other Side de Mercury Rev y, por supuesto, descubrí el grupo que hoy nos ocupa, Urusei Yatsura.

Mi primer encuentro con el 'Slain by Urusei Yatsura' (Sire, 1998) fue un desastre, a mis veintipocos años, esa mezcla entre Sonic Youth, Pavement, Pixies y Wedding Present, en mi mente postadolencente y snob me parecía demasiado sana y fresca (ahora no me explico que clase de hormonas debía tener subidas aquella época). La grabación en cinta (TDK, de 60) quedó olvidada mucho tiempo en un cajón de casa de mis padres.

Años mas tarde, sobre el 2002, hablaba con un viejo amigo (no te enfades, viejo solo en años que nos conocemos) sobre el colapso ocurrido en el velódromo del FIB y el riesgo que corrieron las vidas de los componentes de Urusei Yatsura. En ese momento, por algún motivo, me entró la fiebre y no paré hasta hacerme una copia, esta vez en CD (TDK, de 74), del Slain. Esta vez me enamoraron, un mundo de distorsión creado por Fergus Lawrie, Graham Kemp y los hermanos Graham, la música ideal para animar un nublado día de Glasgow. Glo Starz, Hello Tiger, Strategic Hamlets... todas ellas explotaron en mis oídos.

El tiempo pasó, cuando iba a comprar discos siempre miraba en la U, luego en la Y (en algunos países fueron conocidos simplemente por Yatsura por razones de copyright), pero nada. Imposible encontrar copias originales del Slain. Llegó Febrero de 2005 y con él, una de las noticias mas tristes de mi vida, la liquidación y cierre de Madrid Rock. Rebuscando entre las vacías y polvorientas estanterías de lo que ya parecía un escenario postnuclear mas que una tienda discos, encontré una caja de cartón despegada y mal cuidada que vino a ser el 'Everybody Loves Urusei Yatsura' (Oni Records, 2000). ¡Qué alegría! ¡Y por 5 euros! Corriendo fui a casa a escucharlo una y otra vez. Pensar que tu vida puede acabar debajo de un escenario de un festival puede cambiar a cualquiera. El disco me parecía mucho mas controlado que el Slain pero igualmente notable, seguía sonando a obsesión por el manga japones y el mundo nipón en general, a calles sucias, a ganas de ser el mejor de tu portal, a tomar pintas con tus amigos, a reír contando historias. Louche 33 y Eastern Youth rejuvenecían, Uji Bomb sonaba a Sonic Youth en Daydream Nation por los 4 costados, Our Shining Path llevaba la firma inconfundible de sencillo de Urusei Yatsura, Kubrick in Town la hubiesen querido firmar Casablancas y compañía para sustituir alguna canción del 'Is This It'...

Verano 2009, Londres, el sol calentaba y era un gran momento para lanzarse a la calle a revisar tiendas de música de segunda mano. El objetivo, encontrar la discografía de Urusei Yatsura (jode, que bien me lo pasé, muchas gracias) aunque por el camino cayeron incontables discos a 'uanpaun' y cientos de kilos de polvo. Primero fue el 'All Hail Urusei Yatsura' (Hipster, 1994), primer EP publicado por la banda, en un sótano cerca de Nothing Hill. El 'Slain' y el 'Yon Kyoku Iri EP' fueron en otro 'bargainbeisment', esta vez en Candem Road. En ese increíble barrio de Londres llamado Greenwich, al lado de una iglesia de Hawksmoore, 'We are Urusei Yatsura' y otra copia del 'Slain' rebuscando entre las malditas fichas. 'We are Urusei Yatsura' (Che Records, 1996) es seguramente su disco mas directo, plagado de canciones de noise pop (First Day on a New Planet, Kewpies Like Watermelon), altas dosis de influencias (Pow R. Ball, Black Hole Love) y perfectos hits (Plastic Ashtray).

Ya en 2010, ayer mismo, recordé que se habían vuelto a juntar en un nuevo proyecto, esta vez sin Graham Kemp. Projekt A-ko (nueva referencia al anime japonés) vuelven a alegrarme aunque se nota la ausencia de uno de los componentes. Con solo un el 75 por ciento de la creatividad potencial de Urusei Yatsura, Yoyodyne (Milk Pie Recors, 2009), da mil vueltas al 95 por ciento de las nuevas bandas adolescentes del Reino Unido. Por supuesto, siguen en la misma línea, deben pensar 'si algo no funciona, no lo cambies'.

Es curioso como una banda con una trayectoria tan amplia y con un potencial tan grande para triunfar haya quedado totalmente olvidada. Tan olvidada que es difícil encontrar incluso descargas de sus discos en Internet (no hablemos de sus discos en tiendas). Quizás no hayan inventado nada, pero siempre me harán pasar gratos muy agradables escuchándolos y espero que sea por muchos años.

Misterios de la primavera

En vista de la gran cantidad de gente de mi entorno que nos vamos a congregar en el Primavera Sound, empiezo aquí una serie de pequeños artículos sobre grupos del Primavera Sound que me permito recomendar a ellos en especial y cualquiera que lea esto, vaya a ir o no.

Como siempre, y siguiendo mi estilo, se trata de grupos más o menos desconocidos que merecen más....



miércoles, 7 de abril de 2010

Hoosiers

Cómo ya comente en el blog, soy un fan de las películas deportivas. Y mi favorita sin discusión es “Hoosiers” (1986) del director David Anspaugh, protagonizada por Gene Hackman, Dennis Hopper y Barbara Hershey.


La historia del equipo de baloncesto del instituto de un pequeño pueblo de Indiana y cómo con su nuevo entrenador consigue llegar a la final estatal y ganarla, es un espléndido relato de la capacidad regeneradora del deporte, de la redención a través del trabajo duro, la fe en uno mismo y la confianza en tus compañeros. Es la ancestral historia de David contra Goliath. Es la auténtica esencia del “american way of life”.
Por eso no es baladí que la acción se sitúe en los 50, la década que cimentó esa filosofía en el inconsciente norteamericano y mundial.


Como en muchas otras ocasiones, la vida imita al arte y sólo un centímetro ha impedido que en la madrugada del lunes al martes el equipo universitario de baloncesto de la desconocida (hasta ahora) Universidad de Butler (Indiana), la cual sólo tiene 4.000 alumnos venciera en el famoso Torneo de la NCAA, uno de los grandes eventos deportivos de los USA, al todopoderoso equipo de Duke (North Carolina), asiduo integrante de los “final four” y ganador del torneo en cuatro ocasiones.

Para completar el cuadro, el entrenador de Butler es un imberbe de 33 años, genio de la estadística al que no dejaron pasar al pabellón confundiéndole con un estudiante, mientras que el de Duke es el famoso Mike Kryzewski “Coach K”, el entrenador universitario más importante de los últimos 20 años y que además entrenó a la selección USA en las olimpiadas de Pekín.


Lógicamente no es de extrañar que esta haya sido la final más vista de la historia, que se haya creado una expectación sólo comparable a la de aquella mítica final de 1979 que enfrentó a la pequeña Indiana State de Larry Bird y a Michigan State de un tal Magic Johnson. Como en aquella ocasión la realidad se acabó imponiendo y el favorito ganó el título.
Da igual, siempre nos acordaremos de aquel marzo de 2010, de la hazaña de Butler y de los Hickory Huskers.

“Equipo, Equipo, Equipo”

martes, 6 de abril de 2010

Warren Ellis. Un Inglés.

Lo primero es que no se debe confundir el violinista con el guionista (como, tengo que reconocer, me pasaba a mí hasta esta mañana, jeje...), aunque seria bastante bonito.

Estas vacaciones me he tomado mi tiempo y he podido revisar parte de la obra escrita para la editorial Avatar Press por Warren Ellis. Multitud de historias, unas perfectamente olvidables, otras notables. Entre todas ellas voy a destacar Crecy no por su apartado estilístico o por el interés de su guión (recomendable en ambos casos), es destacable porque es la definición perfecta de lo que significa ser INGLÉS.

Crecy narra una de las batallas mas importantes de la guerra de los Cien Años disputada entre Francia e Inglaterra que supuso el fin de la ética caballeresca y de la guerra como se concebía hasta ese momento. Ellis aprovecha este escenario para, a través de un arquero reclutado entre los campesinos ingleses, narrar un hecho histórico de relevancia con detalle didáctico y hacer una disección de la mentalidad inglesa.

- Los ingleses tienen una gran capacidad de ocultar sus pequeños defectos y sentirse orgullosos de los mas depravados vicios (y no hablo de tomar té todos los días).

- Un inglés empieza a animarse en el momento que insulta a su prójimo.

- Su cinismo llega al punto de quejarse del clima de todo país que no sea Inglaterra .

- La Gran Bretaña es un invento de los políticos y no existe ningún sentimiento de unidad entre los pueblos que la conforman. Los galeses son simplemente follaovejas y los escoceses siempre serán jodidosescoceses. Las 'colonias' en Irlanda no son merecedoras ni de ser nombradas.

- Todo inglés siente en su sangre la pureza de su raza pero al mirar hacia los lados puede alegar que su propio hermano es un sucio bastardo mestizo normando, sajón...

- El espacio Inglés es reducido y es necesario expandirse para dar salida a TODO el que no tenga pureza de raza.

- Los gobernantes siempre serán criticados y lo que importa de ellos no es lo que realmente consigan durante su mandato sino quienes son sus amantes o las discusiones que tienen con ellos. La autenticas claves de la realidad están en la prensa amarilla.

- Mas allá de sus fronteras existe simplemente la barbarie pero ellos han inventado la gran mayoría de las tretas mas sangrientas de la historia.

- Cualquier hecho favorable será enardecido y celebrado hasta la saciedad. los desfavorables serán olvidados hasta el punto de ser negados.

Todo esto y mucho más en estas cuarenta páginas perfectamente disfrutables desde el punto de vista del humor ácido.

lunes, 29 de marzo de 2010

Viajeros

No me suelen convencer mucho las obras de vanguardia, quizá por falta de conocimientos técnicos que te permitan apreciar la importancia del cómic en cuestión o por una personalidad básicamente conservadora, sin embargo reconozco que “Travel” de Yuichi Yokoyama me ha fascinado. Ahora que Apa-Apa Cómics lo edita en castellano lo recomiendo fervorosamente para aquellos que busquen algo más, algo novedoso.
Y es que este cómic es casi alienígena, como muy acertadamente expresaba Santiago García: no tiene diálogos y la historia se reduce a tres tipos que viajan en un tren y llegan a su destino, y aun así te engancha, no puedes dejar de pasar páginas y contemplar sus viñetas llenas de movimiento con constantes cambios de plano, con personajes raros que nos devuelven la mirada, con paisajes extraños pero a la vez reconocibles...
Lo mejor es el absoluto dominio de la composición y de la puesta en escena de Yokoyama. No se lo pierdan.



Y cómo suele ser habitual El tio berni ha escrito la mejor reseña

viernes, 26 de marzo de 2010

El canon de los cómics: La búsqueda del pájaro del tiempo

La búsqueda del pájaro del tiempo fue un auténtico superventas a finales de los 80 tanto en Francia como en España (de la mano de Norma). Completado el primer ciclo compuesto de 4 álbumes (entre 1982-1987), los autores Serge Le-Tendre y Regis Loisel se tomaron un largo paréntesis hasta que en 1998 inician el segundo ciclo de la historia, de la que se han publicado ya dos álbumes (El amigo Javin y El libro mágico de los dioses). Está previsto que en abril salga el tercero en Francia que se titula “La voie du Rige”, o “El camino del Rijo” en una traducción aproximada.



Se trata de una serie de fantasía, aventuras y magia que sigue los esquemas clásicos establecidos por Tolkien, ya que el planteamiento inicial es la reunión de una serie de personajes diversos (un viejo héroe, una atractiva jovencita, un personaje humorístico de contrapunto, el malvado con viejas rencillas que ajustar con nuestros héroes, etc) a los que se encomienda la misión de salvar al mundo, para lo cual deberán superar una serie de pruebas llenas de obstáculos y todo ello enmarcado dentro de la eterna lucha entre las fuerzas del bien y del mal.
Hasta aquí nada muy novedoso, y de hecho el primer álbum “La concha de Ramor” funciona bastante bien pero sin grandes alardes. Sin embargo a partir del segundo capítulo “El Templo del olvido” la cosa empieza a adquirir matices de una mayor complejidad obviando las soluciones más trilladas, aunque siempre dentro de la tradición del género.



Todo eclosiona definitivamente en el tercer tomo “El maestro”, un prodigio de tempo narrativo, de mezcla de subtramas y de combinación de elementos tales como la acción pura y dura, el humor, y sobre todo la melancolía que envuelve a los dos personajes centrales de la historia: Bragon y el Rijo. La historia finaliza en el cuarto volumen “El Huevo de las tinieblas” de manera atípica para un producto tan comercial, pero sobre todo manteniendo ese ambiente de cierta tristeza, aunque eso sí salpicado con gotas de humor y aventura.



En el apartado gráfico el dibujo de Loisel es muy atractivo, en la más pura tradición franco-belga destacando especialmente para mi gusto en el diseño de las arquitecturas y de las diferentes razas y animales que pueblan el mundo de Akbar, y que confieren una gran credibilidad al relato. En su debe quizás una cierta confusión en la narración debido a la colocación y tamaño de las viñetas sobre todo en el primer tomo.
En la continuación de la serie los autores originales se centran sólo en el guión, con la ayuda a los lápices de Lidwine y Mohamed Auomari, y nos cuentan la historia del joven Bragon y de cómo llegó a convertirse en héroe, manteniendo el tono y el estilo de la obra tanto en la historia como en el apartado gráfico. Estoy esperando con muchas ganas ese tercer tomo con el Rijo, mi personaje favorito de la serie.




martes, 23 de marzo de 2010

Una lectura invernal

Acabo de leer “Postales de invierno” de Ann Beattie, una autora de la que hasta hace bien poco no sabía nada, ni siquiera su nombre. Y es que resulta que este libro es un clásico de la literatura norteamericana que ha sido comparado con “El guardián entre el centeno” nada menos.



¿Y?, pues me ha gustado pero creo que no lo he leído en el momento justo para admirarlo sin reservas. Como dice Rodrigo Fresán en su magistral prólogo , es un libro generacional que retrata a la juventud de clase media americana a mediados de los 70. Una generación que aparece perdida, sin objetivos, desencantada de la realidad que le ha tocado vivir y sobreviviendo a la resaca después de la marea irresistible de los 60. Todos los personajes andan a la deriva excepto la hermana del protagonista que es sensiblemente más joven y sensiblemente más clásica en su forma de vida.
El tema principal es la búsqueda de uno mismo y de lo que se quiere ser cuando toca hacer elecciones vitales, es decir pasados los ventitantos, cosa complicada ya que les ha tocado vivir un mundo sin referentes, derruidos los tradicionales por el “efecto Woodstock”, pero también agotados ya los inspiradores de los “jodidos 60” en palabras de uno de los personajes. Esa búsqueda que Beattie simboliza en el amor obsesivo y no correspondido ¿o sí? que Charles siente por Laura, que aparece lejana y ambigua durante toda la novela, incluso en su estupendo final.
Quizás lo mejor del libro es el retrato de la amistad entre el protagonista Charles y su amigo del colegio Sam, que destila autenticidad en todas las situaciones y sirve de contrapunto con su calidez a la frialdad de la vida familiar de Charles y de casi todos los personajes.



Por otro lado, es un libro eminentemente musical con multitud de referencias: Joplin, Bob Dylan, The Rolling Stones etc. Y también me resulta entrañable la importancia de la música en la vida de los protagonistas, que esperan el nuevo disco de Dylan como si en sus canciones pudiera esconderse la clave oculta que les ayudará a salir de sus problemas cotidianos. Hasta tiene una lista en my space.
Como resumen final en mi cabeza se ha unido este libro con otro que trata esta época desde otra perspectiva y que también es genial: “La tormenta de hielo” de Rick Moody. Parece que hacía mucho frío en esos 70`s norteamericanos.